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El concierto recordó una experiencia de la muerte clínica

El concierto recordó una experiencia de la muerte clínica


Desde hace cinco años se celebran conciertos extraordinarios Cosa Común del instrumento espiritual histórico de China y Tíbet. Vean la inesperada reacción espontánea de una auditora del concierto.
 
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Me llamo Irena, soy licenciada en psicología y pedagogía y cuando tenía veinte años, durante el parto sufrí un infarto.
Pero los médicos no reaccionaron al infarto, así que me iba al otro mundo.
No he leído a Moody, ni quiero leerlo, estas experiencias son mías propias y no quiero mezclarlas con lo que escribió otro.
Hablo poco de ello pero hoy lo menciono porque como el señor Pfeiffer profería aquí los tonos, por primera vez después de cuarenta años me di cuenta de que estos tonos ya los había oído y que era durante aquel viaje al otro mundo.

¿En el túnel?

Es que el túnel... Bueno, dicen que es un túnel pero es como...

¿Espacio o cómo llamarlo?

Es una vía y ustedes ven que primero pasa toda la vía, al revés, así que el nacimiento queda al final, y brilla allí algo como el sol que no quema, no irrita ni hace nada dañino, sino que es misericordioso, suavecito, tierno, y se puede decir que habla.

¿Y hace preguntas?

Pregunta. "¿Qué es lo peor que hiciste en tu vida?"
Y yo en aquello veinte años no había hecho muchas cosas malas, pero una vez quería imponer mi voluntad y por eso solté una cosa pesada en el pie de mi hermana.
Y él dijo: "¿Es todo?"
Yo dije: "Yo no recuerdo nada más, tal vez sea todo."
Y el sol empezó a reír, como vibrar, como vibra la barriga cuando uno se ríe mucho, entonces el sol empezó a vibrar así y dijo:
"¿Y tú te crees que yo no estuve allí?"
Eso sí que me aplastó.
Y además hay sensaciones...
esta es la sensación más bonita pero antes de eso, es que he saltado un poco, hay una sensación... de propia nulidad y de algo inmenso. Y esa sensación no es hasta tan agradable pero no dura mucho.
Es una gracia, ternura y aceptación, es mucho más.
... Que yo desaparezco pero desaparezco para estar aquí en este amor grandísimo.
Y eso sí que es muy bueno.

Y la diferencia, es de hecho algo que sorprende a uno, pues de hecho ve un espejo y ve como es en realidad, ve que hay algo allí ...

... y que no se lo dirá nunca nadie, esto, no sabe qué tiene que esperar allí, ¿cierto?
Dicen - nadie ha regresado de allá, etc., pero de aquel espacio, de aquel sol o aquel universo tal vez regresemos todos al nacer, como si nos separáramos naciendo y volviéramos muriendo.
Pero - digo - esas sensaciones son en general agradables, pero hay también ésas como... esa nada. Que ya estoy desapareciendo, que no existo, que estoy terminando.

Sí, tenemos nuestra persona querida, esa suya...

Sí, tal vez el ego se está deteriorando...

... ego, su ello.

... y usted se queda mirando - ¿y ahora qué?

Sí, ¿qué será?

Sí, bueno, y no es hasta tan agradable, ese momento.

La próxima ya será mejor. :)

Pienso que no vuelvo más. He escrito y llevo conmigo el aviso que no deseo ninguna resucitación, sobre todo no con aparatos.
En ningún caso conectarme en aparatos y dejarme así tirada medio año, no.
Todos los tienen prohibido.
Ni la resucitación tampoco.
Cuando me toque irme, que me dejen ir. No quiero más quedarme así a la mitad del camino.

Usted ya sabe adónde. Es como aquel que iba a Pelhřimov o adónde solía ir.

Sí, más o menos.
... Bueno, y como decía, cuarenta años después me di cuenta...
lo cuento por tercera o cuarta vez, es que hablo poco de eso, porque no todo es lo más agradable.
E imaginándome que parí al niño...
Sí, y me lo preguntaron, también lo he saltado, si quiero volver. Si quiero volver o si ya quiero ir allá.
Entonces yo tomé como pretexto al niño porque en mi juventud y niñez había leído muchas novelas donde siempre se decía como la madrastra o padres adoptivos maltrataban al niño que no era suyo.
Entonces dije que tal vez me gustara estar allá pero que no quisiera dejar en las manos de gente ajena al niño que acababa de parir.
Entonces ese algo que habló conmigo, o ese alquien, me dijo:
"Bien, pues regresa."
Y bueno, yo desperté, pero el regreso es algo terrible, fue lo peor de todo.
Porque los médicos enseguida empezaron a reprocharme: "Usted no colabora con nosotros en absoluto, está aquí acostada tranquilamente sin hacer nada. Mire, la médica en jefe tuvo que interrumpir sus vacaciones por su culpa para venir," y un reproche tras otro, "nos quejaremos con su médico habitual," siempre me acordaré de eso.
Así fue el regreso, así de agradable, bueno.
Pero aparte de eso... sobre el infarto me informó tan sólo el doctor Tolinger que encontró la cicatriz en mi corazón, los médicos no lo saben hasta ahora.

Así que todo salió bien. Gracias por haber compartido con nosotros este hermoso acontecimiento de su vida.
Gracias. Mucha suerte y me alegro de lograr emitir el sonido que usted oyó allá.
Es mu bonito. Gracias.


Nunca se me ocurriría que lo oiría aquí. Pues esos cuarenta años Nunca se me ocurriría que lo
oiría aquí. Pues esos cuarenta años ni por la mente ni por la lengua que allí había algunos tonos.
Y aquí estoy sentada y me digo: "Pero si esto ya lo he escuchado."

Pues sí.

Y me digo: "¿Dónde habrá sido?" – así fue que me acordé.

Hermoso, gracias.